Hace 3 años me integré a la docencia, tuve la oportunidad porque en el plante Cbtis 108 de mi cuidad Comitán de Domínguez, Chiapas y específicamente en el área de construcción existía la necesidad de un profesor con perfil de arquitecto, afortunadamente traía dos años de experiencia al impartir clases en una universidad particular, desde luego la experiencia fue totalmente diferente por el comportamiento de los alumnos , pero al menos el pánico escénico ya lo había superado, me enfrenté a 5 grupos de primero de 52 alumnos cada uno, dos en el turno matutino y tres en el vespertino, impartiendo la materia de álgebra, materia que tiene el mayor índice de reprobación para los alumnos de primer semestre, así que fue todo un reto, además regresaba a la escuela en donde también fui alumna, mis profesores de antaño se convertían en mis compañeros de trabajo, así que sentía una carga de responsabilidad sobre mis hombros bastantes pesada. A mi favor tengo el cariño hacia esos adolescentes, ellos me motivan para poderles otorgar un aprendizaje valioso y significativo.
Tres años después con mucha alegría vi egresar a mi primera generación de alumnos y eso me llenó de satisfacción, por formar parte importante en la impartición de conocimientos y valores de esos muchachos que tienen toda la capacidad, inteligencia e iniciativa para salir adelante, basta impulsarlos y otorgarles respeto.
Tengo dos motivos de satisfacción de peso: el primero es el gusto por servir, puedo destacar sin pretensión de ufanar que me gusta contribuir y ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas, me agrada hacerlo.
El segundo es cuando veo que mis alumnos dominan la materia y son competentes, por ejemplo cuando imparto la materia dibujo asistido por computadora (Autocad) normalmente en segundo semestre la mayoría no sabe dibujar planos con el apoyo de ese software pero al finalizar el curso son mejores que yo.
